Biografia ampliada

Jose Purón Sotres

Jose Purón Sotres

(Andrín, Llanes, 1912-1987)

José Purón Sotres fue uno de los últimos pintores de oficio, de formación tradicional y de vocación figurativa, que en Asturias desarrollaron una producción de calidad. Instruido en el academicismo atemperado de los veinte y los treinta, su pintura evolucionó desde el impresionismo hasta un expresionismo original, tomando temas de su entorno cotidiano, con Llanes como re­ferente, tanto de sus escenas de figuras co­mo en paisajes y bodegones.

Nació en el Palacio de Andrín de los Sotres-Posada en Llanes, el 21 de junio de 1912. Era hijo de Juan Purón Sordo, el de la Llavandera, y de Dolores Sotres Posada, la del Palacio, y fue el segundo de cuatro hermanos (Juan, José, María y Manuel). Cuan­do cumplió un año su familia se trasladó desde Andrín a La Portilla. Allí comenzó sus estudios elementales, continuados después en La Moría y en La Arquera, donde terminó su formación básica en 1927. Mos­tró desde niño unas peculiares cualidades para el dibujo, pues consiguió un diploma especial en dibujo.

En 1927 se trasladó a Madrid, gracias a la mediación de un veraneante madrileño que pasaba largas temporadas estivales en casa de su tía Trini Purón. Trabajó primero como ayudante en los almacenes de tejido de don Rafael Sánchez en la calle Clavel, aunque en sus ratos libres seguiría dibujando y haciendo labores de rotulación en los escaparates del comercio. En 1929 el escultor valenciano Julio Vicent le introdujo en los talleres de Arte Sacro de Félix Granda Buylla, donde trabajaban jóvenes valores artísticos que normalmente estaban cursando estudios en San Fernando. Allí retocaban diseños y pasaban a escala ciertos modelos, actividad que se hacía frecuentemente en los estudios oficiales. En los Talleres Granda conoció a Manuel Me­néndez, descendiente de asturianos, quien enseguida reconoció las dotes del llanisco y le animó a seguir la carrera artística. Me­néndez, grabador y aguafuertista, era jefe de los dibujantes en los talleres y además catedrático de Anatomía de la Escuela Superior de Madrid. Simultaneó Purón su trabajo en el comercio, con la colaboración con Granda y los estudios en la Escuela de Artes y Oficios de la capital, ubicada en la calle de los artistas del barrio de Cuatro Caminos, dirigida en aquellas fechas por Marceliano Santa María. Debido a los progresos conseguidos en su técnica dibujística, Julio Vicent decidió recoger firmas entre los asiduos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, presentando algunos de los dibujos del llanisco, para conseguirle una beca de estudios superiores. Esa solicitud iba firmada por artistas de la categoría de Zuloaga, Solana, Benlliure, Benedito o Chicharro.

Carnets Universitarios

San Fernando y París

Presentado el escrito a la Diputación Provincial, ésta decidió otorgarle una beca en la Escuela de Bellas Artes de San Fer­nando, lo que le permitiría abandonar la colaboración en los talleres de Granda. En la Escuela entabla una estrecha relación personal con el profesor, y después amigo, José Ramón Zaragoza. En el primer año de estudios acudió al taller de Eduardo Chi­charro en el Pasaje de la Alhambra de Ma­drid y en el tercero fue nombrado alumno ayudante de la asignatura de Anatomía Artística a las órdenes del profesor Manuel Menéndez, quien en la correspondencia mutua insistía en subrayar sus dotes y la necesidad de aplicarse en el estudio y el dibujo constante. Por esos años frecuenta el Círculo de Bellas Artes de la capital, además de trabajar durante algún tiempo como proyectista de vidrieras para la casa Mauméjean y de matricularse como alum­no libre en el Instituto Nacional Cervantes de Madrid, para obtener el bachillerato. Entonces realizó varios dibujos de plumilla, en los que ampliaba fotografías de pabellones de la Exposición de Sevilla de 1929. En ellos empleaba la tinta china para el ejercicio de cambio de escala, y resolvía las masas de oscuros con toques de acuarela. Cuando regresaba en los periodos va­cacionales a Asturias, a su Llanes del alma, exponía con cierto éxito, dando a conocer entre sus paisanos sus progresos en la técnica pictórica. Así exhibió, en enero de 1931 en el Ayuntamiento de Llanes, una obra muy influida por el perfeccionismo dibujístico de corte académico y por la luminosidad sorollista. Gozó de la beca hasta su tercer año de estudios, porque cuando estalla la Guerra Civil su vida, como la de todos los españoles, sufriría un vuel­co importante.

Llamado a filas, estuvo primero en Celorio (Llanes) y después en Cangas de Onís, donde entabló relación amistosa con el escultor Gerardo Zaragoza. En ese pe­río­do dibujó a lápiz algunas composiciones de guerra —hoy perdidas—, tomadas directamente en el frente. Cuando du­rante un permiso regresa a Llanes, es llevado a un campo de concentración en Torrelavega, y de ahí a Valladolid con los Hermanos de La Salle, quienes le encargan la pintura de las cenefas del Colegio. En 1939, ya licenciado, se estableció en La Coruña, como encargado de Talleres Mo­ro, una casa comercial de pinturas, y trabajó como rotulista en el Teatro Rosalía de Castro. Llamado de nue­vo a filas, esta vez en el bando nacional, prestó sus servicios en el Hospital de Orza de La Coruña, como dibujante técnico para proyectar las prótesis de los pacientes o dibujar los muñones de los heridos. En ese momento pintó va­rios cuadros. Es de destacar el titulado El taller del hospital de ortopedia (pre­sen­tado en la exposición del Real Au­tomóvil Club de 1940). De esta obra dijo el cronista de La Nueva España que «quizá sea la única tela en su género que recoge y plasma una de las consecuencias de la guerra».

119.O - Dejad que los niños se acerquen a mi (50 x 34 Cms) 1.941

119.O – Dejad que los niños se acerquen a mi (50 x 34 Cms) 1.941

Desde el mismo hospital solicitó Purón a la Diputación Provincial una nueva beca para continuar los estudios interrumpidos. En 1939 regresa de nuevo a Madrid, incorporándose al cuarto año de Bellas Artes. Y recibe en esas fechas su primer encargo de la Residencia Provincial de Niños de Ovie­do, institución para la que realizaría en el futuro varias obras. El tema propuesto, des­­tinado a la Capilla, era el de Jesús y los Niños, previsto como un cuadro de grandes dimensiones, y del que se conservan al­gu­nos estudios como Dejad que los ni­ños se acerquen a mí. Al año siguiente obtuvo el premio en dibujo de paisaje, que conllevaba una pensión en El Paular. De esta forma durante el verano estuvo trabajando en Arenas de San Pedro (Ávila), junto a Martínez Vázquez.

135.O - Estudios - c El Retiro de Madrid (37 x 26 Cms) 1.940

135.O – Estudios – c El Retiro de Madrid (37 x 26 Cms) 1.940

Finalizados los estudios en 1940 se presentó al premio fin de carrera Molina Higueras, que consiguió con las dos obras propuestas: una figura femenina a contraluz y una composición de tema libre, que interpretó con un asunto de pesca. El Jurado —compuesto por Eduardo Chicha­rro, Manuel Benedito, Joaquín Valverde y Martínez Vázquez— le concedió entonces un diploma de la Real Academia y mil quinientas pesetas. En 1941 el que fuera su maestro Zaragoza afirmaría en las páginas de La Nueva España que «hay un buen pintor para continuar la generación asturiana, suelto, libre de la influencia académica, se enfrentó con la naturaleza, con la forma, en todos sus aspectos y con la luz del exterior. Es Purón Sotres. (…) en sus estudios compone escenas de vida con un sello acertado, mozos en familiar compañía pero cada cual, como es de raza, conservando un individualismo que no excluye la comunidad».

Con su flamante título bajo el brazo presenta varias obras a la exposición del Certamen de Educación y Descanso en el que consigue «por sus relevantes méritos de profesional» un premio extraordinario, pues el Jurado opinaba que la calidad de su obra estaba fuera de los límites artísticos del concurso. Entonces la Diputación Pro­vincial le amplía la pensión y le encarga una copia de un cuadro de Sorolla, Fray Gil­berto Jofre salvando a un loco de las iras de la multitud, con destino al Hospital

70.O - Ibiza, o Corredor de Ibiza (60 x 50 Cms) 1.942

70.O – Ibiza, o Corredor de Ibiza (60 x 50 Cms) 1.942

Psiquiátrico de Oviedo. Se traslada por ese motivo a Valencia y, desde allí, a Ibiza. En la isla, como él mismo señalase años más tarde, «se emborrachó de luz». Pintó frenéticamente más de ochenta cuadros, seducido por la intensidad cromática y la potencia lumínica de un espacio tan distinto de su Asturias natal.

Cuando regresa a Asturias, después de su estancia mediterránea, organiza su primera exposición individual, en 1943, en los salones de Educación y Descanso de Oviedo, con un éxito de ventas que le permitirá continuar pintando y viajando con frecuencia a Madrid para reencontrarse con sus antiguos compañeros, maestros y amigos. Aquella muestra, de más de ochen­­ta obras, recogía asuntos madrileños (Jardín botánico), temas asturianos (Co­rra­­lada y La espicha), además de cuadros inspirados en la luz mediterránea de Va­lencia e Ibiza. También acude con cuatro obras a la Primera Exposición Nacional de Arte de Oviedo de 1942 y al año siguiente realiza su primer envío a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid. Eran dos obras, Espicha (en el catálogo figura como La espita), adquirida por la Dipu­tación Provincial, y Mayador de manzanas, obra vendida al gijonés Ovidio García Me­néndez, juzgada por el crítico madrileño Luis de Fontes como un cúmulo de «frío detallismo real», mientras que el otro cuadro se definió como «de una interesante personalidad».

En 1944 recibe el encargo de la Comisión Gestora Provincial de un cuadro de tema religioso, La Adoración de los Pastores, para la Residencia de Niños Huér­­fanos de Oviedo. El cuadro fue rechazado por uno de los sacerdotes de la institución alegando que había utilizado como modelos a prostitutas y que las piernas de la pastora del primer término estaban impúdicamente desnudas. Se formó en­tonces una comisión presidida por Víctor Hevia que consideró que el cuadro no era en absoluto indecente y que, muy al contrario, estaba correctamente pintado. A requerimiento del propio Purón, que le envió una fotografía de la obra, Eduardo Chicharro apoyó la calidad de la pieza cuestionada en una carta remitida a la comisión, además de preguntarse irónicamente «si se quería que le pusieran medias de seda a la pastora». Con todo, el cuadro fue finalmente rechazado y estuvo algún tiempo en la Diputación Provincial. Años más tarde, en 1954 sería mostrado al público, con gran éxito, en la exposición individual del Palacio Consistorial de Llanes.

1.O - El Romano (83 x 99 Cms) 1.941

1.O – El Romano (83 x 99 Cms) 1.941

Dentro de su evolución estilística, tal como ha señalado acertadamente María Grandoso, las obras iniciales, aquellas que se corresponden con sus inicios en la práctica pictórica, primero como estudiante y después como profesional, puede adscribirse a un realismo académico, atem­­perado por la influencia innegable del luminismo de Sorolla, la corrección compositiva de su maestro Zaragoza, y la riqueza cromática de Chicharro. Ya entonces mostraría un especial interés por los temas de ambientación llanisca, en paisajes o asuntos costumbristas. Las obras puramente académicas, como El Romano o San Jerónimo, ambas de 1941, discurren en la correcta interpretación anatómica, y de las calidades textiles. Pero también por esas fechas pintaría el Retrato de Margot, una obra en la que profundiza en la introspección psicológica, añadiendo un altar de fondo como motivo simbólico.

3.O - Retrato de Margot (47 x 53 Cms) 1.941

3.O – Retrato de Margot (47 x 53 Cms) 1.941

Busca entonces el contraste cromático como el Retrato de Enma con pañuelo rojo, de 1944, en el que emplea el rojo intenso del pañuelo como contrapunto del dominio verdoso del resto de la composición. Incluso coloca a la protagonista en una posición descentrada, al modo de los encuadres fotográficos. En esa obra, como en otras muchas dentro de su producción posterior, Purón incorpora un personaje procedente de una composición previa, pues el hombre que se divisa en el fondo había sido pintado anteriormente en El gitano con hojas de higuera, de 1936.  También realiza algunas marinas poco afortunadas y varios estudios de bodegones y naturalezas muertas, o de caballos. Sólo los paisajes ibicencos le apartan de esa tónica mezclada de academicismo, con toques luministas. En Ibiza elabora algunos de sus cuadros mejor resueltos, como El Jardín de Rigoberto Soler, Co­rredor de Ibiza, Chumbera o Medi­te­rráneo, todas de 1942, donde la intensidad de la luz balear le descubre un paleta más clara, con formas nítidas, absolutamente contrastadas en las sombras y armónicamente contrastadas.

11.O - Palacio de Andrín con mi madre en el balcón (73 x 94 Cms) 1.947

11.O – Palacio de Andrín con mi madre en el balcón (73 x 94 Cms) 1.947

En el año 1947 vuelve a exponer en Educación y Descanso y dos años más tarde en la sala del Instituto Jovellanos de Gijón. En 1949 el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Intercambio Cultural le concede una beca —de las cuatro propuestas— para ampliar estudios en Roma y se establece durante ocho meses, en la Aca­demia Española. Recibió antes de su partida un encargo expreso de José Ramón Zaragoza para que se ocupase de su obra reunida y guardada en la Academia de Bellas Artes de Roma. Años más tarde, en 1973, a instancia de Gerardo Zaragoza, testificó que aquellos quince cuadros no fueron dejados para la institución romana por su autor, sino que aquél quería que «fueran recogidos y traídos a la tierra que le vio nacer», según consta en el Archivo Purón, de Llanes. Posteriormente visitaría Floren­cia, Siena y Venecia, y desde allí viaja a París. Los tres meses en la capital del Sena, donde se instala en el Colegio de España y frecuenta la Escuela de Beaux Arts, le permitieron un acercamiento directo a la pintura impresionista. En el periplo europeo descubrió algunas de las mejores manifestaciones artísticas de la cultura occidental, recogidas en los museos, y se acercó también a los valores del impresionismo, que a partir de entonces serán recurrentes en su producción pictórica.

21.O - Retrato de José García (114 x 87 Cms) 1.951

21.O – Retrato de José García (114 x 87 Cms) 1.951

Al regreso del viaje europeo sus retratos ganan en frescura. Como los impresionistas se recortan sobre un fondo difuso, deja inconclusas varias zonas, a excepción del virtuosismo del rostro, tal como sucede en el de María Jesús Elizama (1949), aún cuando otros, como el de José García (1951), acusen una fuerte influencia de Zuloaga, localizando al personaje en un primer plano muy próximo, con un fondo urbano, en este caso llanisco, como los famosos de Maurice Barrés o de Enrique Larreta, con Toledo y Ávila. Como paisajista concretará sus motivos en el entorno llanisco, aunque siempre evitando los fondos de marinas.

11.O - Picu Soberrón (65 x 47 Cms) 1.954

11.O – Picu Soberrón (65 x 47 Cms) 1.954

Pese a vivir al lado de la costa no fue un marinista, sino que hizo un paisaje interior, de montañas —Picu So­berrón (1954), El Cuera con sol de ma­ñana (1953) o El Cuera y postes de luz, de 1952—, arboledas como Paisaje de La Portilla, 1964 y, sobre todo, los diferentes rincones de La Llavandera, con sus bueyes, castaños y manzanos. A partir del conocimiento di­recto del impresionismo y de su revisión por Cézanne, Purón incorpora con insistencia los bodegones y naturalezas muertas en el repertorio iconográfico de su obra. Y son las manzanas los elementos más repetidos.

73.O - Manzanas y gallo pelado (72 x 60 Cms) 1.953

73.O – Manzanas y gallo pelado (72 x 60 Cms) 1.953

Como producto típico de la tierra y por sus capacidades de geometrización y colorismo las colocó de mil formas posibles, solas (Cesto volcado, 1945) o forman­do composiciones con otros objetos, como carretillos (Bodegón del carretillo, 1958) e incluso en el propio árbol (Manzano, 1979). Algunas veces se acompañan de gallos, otro de sus motivos más recurrentes (Manzanas y gallo pe­lado, 1953). En todas esas versiones las frutas articulan un espacio geométricamente definido, contrastando cromáticamente los rojizos y anaranjados de los elementos con los intensos tonos verdes del fondo.

Instalado en La Portilla, hace no obstante frecuentes viajes a Madrid y a Oviedo, donde formaba parte de la tertulia La Picota, integrada también por Fernando Muñiz Toca, Antonio Capitel, Paulino Vi­cente, Luis Fresno, Gerardo Zaragoza o Javier García Lomas. Se presentó entonces, por última vez, a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1952 con los dos óleos Víspera de fiesta (hoy en el Hotel de la Reconquista) y Retratos. Del segundo di­jera Ramón Faraldo en las crónicas del diario Ya (29-2-1952), que se trataba de un «Solana adelgazado», con un virtuoso tratamiento de los claroscuros. Sin embargo encontraba excesiva la dedicación a los detalles y una exagerada interpretación de las carnaciones blanquecinas que juzgaba como «iridiscentes». Respecto al tema Víspera de Fiesta dijera Rodríguez Filloy, en la crónica del diario Arriba, que «ofrecía indudable interés; al menos cabe imaginar las posibilidades que encierra esta creación». Con todo parece que los cuadros gozaron de la aprobación de buena parte del jurado y que en ese momento rozó una de las medallas, pues obtuvo un número im­­portante de aprobaciones entre sus miem­bros. Fue entonces cuando sus amigos de Madrid le animaron a dejarse ver por la capital, a frecuentar los círculos artísticos, pues desde Asturias, y más concretamente desde Llanes, quedaba fuera de los mecanismos de promoción madrileños. Ante esa perspectiva, Purón decidió abandonar los premios nacionales y dedicarse a la pintura ajeno a las intrigas y promociones capitalinas.

44.O - Retrato de la Nena Somohano (110 x 130 Cms) 1.953

44.O – Retrato de la Nena Somohano (110 x 130 Cms) 1.953

Dos años más tarde participó en la exposición de artistas asturianos organizada por la Tertulia Naranco de Oviedo como un homenaje a Evaristo Valle y unos meses des­pués mostraría su obra en la Sala Recoletos de la Universidad de Oviedo. En aquella ocasión el crítico Jesús Villa Pastur tituló su artículo para La Voz de Asturias con el epígrafe Una exposición poco afortunada (24-12-1954). El contenido rezaba en los siguientes términos: «… Que Purón Sotres tiene condiciones indudables de pintor, no lo podemos negar nosotros, aun­q­­ue ello no esté presente en todos los lienzos expuestos. Desde luego, domina el dibujo, acaso su mayor fuerte, y conoce las reglas elementales del colorido. Pero ca­rece de sentido autocrítico, o, lo que es peor, se halla mal aconsejado. En los veintitantos lienzos de su exposición se encuentran las más variadas tendencias. Son co­mo obras debidas a distintos pinceles, a distintas concepciones de la pintura, aunque todas ellas sean igualmente falsas. (…) Su pintura actual es, unas veces, de acentuado realismo, lleno de vulgaridad, con pretensiones de valentía y escasos atisbos de buen gusto, y otras veces, de una delicuescencia falsa y rebuscada. Y siempre con resonancias demasiado añejas. Todos sabemos ya que la calidad de un cuadro, el brío de la expresión no está, ni mucho menos, en el grosor de la materia ni en la pincelada pimpante e imprecisa». A Purón aquellas opiniones no le dejaron impávido. Muy al contrario, reaccionó de una forma imprevisible en su carácter publicando sendas cartas abiertas en los diarios La Voz de Asturias y Región. En el texto del primer diario (31-12-1954) defendía su arte como un producto de sus sentimientos y del consejo de la naturaleza, ha­ciendo notar su abultado currículo ex­positivo, sus galardones en San Fer­nando, además de explicar a la opinión pública la sinceridad de su arte, basado en el estudio del natural y en la concreción de valores estrictamente plásticos.

38.O - Asturias Patria Querida (230 x 150 Cms) 1.985 (Prop. del Excmo. Ayto. de Llanes)

38.O – Asturias Patria Querida (230 x 150 Cms) 1.985 (Prop. del Excmo. Ayto. de Llanes)

A partir de entonces el llanisco tomó a Villa Pastur como el causante de su falta de reconocimiento oficial en la región, aún cuando lograse importantes éxitos de ventas. Por eso, uno de los últimos cuadros, Asturias Patria Querida, hoy en el Ayun­tamiento de Llanes, pintado en 1985, in­cluía una caricatura del crítico en el globo que se eleva en el fondo de la escena de romería. Villa Pastur por su parte a partir de entonces evitó —en la medida de lo posible— cualquier referencia suya, pues en la crónica de la exposición de Cristamol en 1959 escribía en los siguientes términos: «Purón Sotres no ha variado su modo de hacer, y nosotros no hemos cambiado en el modo de pensar su pintura. … nos limitamos en esta ocasión —cumpliendo nuestro deber de informadores— a señalar la presencia de su obra en Oviedo. Purón tiene bastantes admiradores en esta ciudad y fuera de ella, y aunque a nosotros no nos guste su pintura debe carecer totalmente de importancia para él» (La Voz de As­turias, 20-6-1958).

7.O - Retrato de los claveles (48 x 60 Cms) 1.957

7.O – Retrato de los claveles (48 x 60 Cms) 1.957

En 1955 contrajo matrimonio con Se­gunda (Dina) Colubi Menéndez-Cela­yeta, natural de Soto de Luiña (Cudillero), y al año siguiente nacería su único hijo, Juan. En el año de su matrimonio participó en la Exposición de Artistas Asturianos organizada por los Hombres de Acción Católica y dirigida por Magín Berenguer en la sala del Casino La Montera-Sama. En esa muestra, a la que acudieron entre otros Paulino Vi­cente, Piñole, Álvarez Caravia, Moré, Tamayo o Rubio Camín, presentó uno de sus temas más recurrentes, Gallos. En 1956 hizo una muestra individual en la Sala del Real Instituto Jovellanos de Gijón. Allí exhibió varios paisajes de Llanes (Vega de La Portilla), temas de costumbres (Co­miendo manzanas), bodegones (El cesto de cerezas, Las cestas de verde o Man­zanas), varios retratos y un boceto para el tema religioso de La Crucifixión.

102.O - El angelus (99 x 150 Cms) 1.960

102.O – El angelus (99 x 150 Cms) 1.960

En ese año participaría igualmente en la Expo­sición de Pintura Asturiana Contem­po­rá­nea, organizada por la Caja de Ahorros de Asturias de Oviedo, con uno de sus Por­to­nes (Interior), un tema de contraluz, ca­racterístico de buena parte de su producción y que dominaba de una manera admirable en los efectos de contraste y realce de las formas. Y es que toda su obra discurrió con la luz como motivo, tanto la iluminación directa del sol veraniego, como la matización de las neblinas o los contraluces, que desde su etapa de estudiante ha­bía manejado con tanta corrección. Temá­ticamente se concentró en Asturias, y en Llanes en particular, en los paisajes y las escenas de costumbres, llevando a la práctica aquella antigua queja del que fuera su maestro Zaragoza, cuando afirmara «¡Qué poco pintada está Asturias!» y siguiera al pie de la letra su recomendación de «darse morradas con la naturaleza», sentándose pacientemente delante de los motivos para trasladar su aspecto, con pinceladas largas y un cromatismo muchas veces transgredido del natural a favor de ciertos contenidos simbólicos y emotivos. Sus lienzos, mejor desenvueltos en formatos grandes, se apoyarían siempre en esta riqueza cromática, complementada por un correcto dibujo y una jugosidad empastada de la materia.

148.O - Retrato de la familia con lobos (109 x 128 Cms) 1.959

148.O – Retrato de la familia con lobos (109 x 128 Cms) 1.959

A partir de 1958 se dedica a la docencia en el bachillerato como profesor de Dibujo de los Institutos de Enseñanza Media de Llanes,  Sama de Langreo y Alfonso II de Oviedo, hasta que regresa a su villa natal en 1979, como Catedrático de Dibujo. En esos años no renuncia a su actividad como profesional independiente. Así expuso, en la sala Cristamol de Oviedo en 1959, casi cuarenta obras, de las que la crítica destacaría especialmente sus pomaradas y los bodegones de manzanas. Fue entonces cuando reveló al crítico Rubén Suárez que aun cuando sus estudiosos criticasen los bodegones sencillos, al modo de La Pella o El jarro de madera, como un camino de­masiado trillado en la pintura, en realidad Purón veía esas composiciones, esos resultados, como ejemplos más sentidos y hondos de la simplicidad de la pintura, pues a su entender era posible trasladar ciertos sentimientos a los objetos cotidianos, por encima de cualquier carga narrativa.

50.O - El Bueyero y sus bueyes en La Raizona de La Llavandera (163 x 113 Cms) 1.960

50.O – El Bueyero y sus bueyes en La Raizona de La Llavandera (163 x 113 Cms) 1.960

Ex­pone en febrero de 1962 en el Palacio de Toreno a instancias de la Diputación Pro­vincial. Aquellas cuarenta y seis obras, que incluían paisajes, bodegones y temas de costumbres, tuvieron una buena acogida entre el gran público, alcanzando unas cifras económicas nada desdeñables, lo que in­dica la aceptación comercial de su pintura. En el catálogo de mano de la muestra Pu­rón realizó una declaración de intenciones en estos términos: «como pintor creo que no debo intentar hacer ya cosas he­chas, pero sí partiendo de la herencia que nos dejaron los grandes maestros y partiendo también de la naturaleza, crear, hacer mis cuadros. … El arte abstracto, para mí, es una broma». Diez años antes, con motivo de su exposición en la sala del Antiguo Instituto de Gijón había declarado a la pren­sa que las tendencias abstractas iban «bien para cierto arte publicitario o decorativo», proclamando ya entonces su desprecio por las modas y su inspiración en la producción de los grandes maestros del pasado y, sobre todo en la naturaleza. Obras como El mayador o Jugador de bo­los trasgredían la anécdota costumbrista para convertirse en retratos de personas concretas, y en un ejercicio de luz y de color, con una voluntad inicialmente naturalista, pero que en la mayoría de las ocasiones, tal como sucedía con Pescadoras o Mujeres de la costa, se materializaban decorativamente.

14.O - Los Bueyes de La Llavandera, o La Yunta (130 x 110 Cms) 1.961

14.O – Los Bueyes de La Llavandera, o La Yunta (130 x 110 Cms) 1.961

Allí expuso también El bueyero y sus bueyes en la Raizona de la Llavandera (1960), posiblemente una de sus obras más conseguidas, pues el espacio natural ofre­ce una perspectiva fugada en diagonal de gran fuerza, y hay un sabio equilibrio de los elementos dispuestos en el cuadro y un colorido brillante. El recreo bucólico que propone sobrepasa el mero hecho anecdótico, para interpretar una especie de Arca­dia feliz, donde el hombre participa de la felicidad de la naturaleza, en un Edén en el que el joven del primer término es como un nuevo Adán que disfruta, antes del pe­cado, de las excelencias de la creación.

36.O - Subasta del Ramu (48 x 76 Cms) 1.969

36.O – Subasta del Ramu (48 x 76 Cms) 1.969

En 1969 volvería a realizar una muestra individual, en los salones de la Obra Social y Cultural de Caja de Ahorros de Asturias, con cincuenta y cinco obras que fueron comentadas por José Antonio Cepeda en Región (9-12-1969) como obras de «ma­dura actitud pictórica», mientras que Buelta des­de La Hoja del Lunes (15-12-69) acusaba a la crítica de haber olvidado al llanisco, aún cuando se tratase de uno de los pintores de mejor acogida entre el público. Hablaba entonces de un secreto profesional en su obra que no era otro que haber descubierto la luz de la Asturias oriental, la particular luz de Llanes. Por su parte Villa Pastur desde La Voz de Asturias (6-12-69) afirmaba que «en la mayoría de su obra campea ese realismo que, dentro de la terminología de Levi Strauss, podríamos perfectamente denominar “realismo crudo”».

74.O - Bodegón de la balanza romana (61 x 62 Cms) 1.986

74.O – Bodegón de la balanza romana (61 x 62 Cms) 1.986

Acertadamente señalaba Villa Pastur un cambio en la producción pictórica del llanis­co. Si su primera etapa se había caracterizado por una imbricación de academicismo, con el luminismo sorollesco y la brillantez de Zaragoza y Chicharro, desde su estancia parisina se habían impuesto valores estrictamente formales. Realizó una pintura sin mensaje aparente, resuelta como un problema estricto de formas, luz y color. A partir de los últimos años de la década de los sesenta se aprecia una evolución estilística clara. Con las excepciones de ciertos en­­cargos y de retratos, imprimirá un sesgo expresionista, ofreciendo un sentido narrativo incluso con los mismos te­mas que había empleado anteriormente. Baste co­mo ejemplo el Bodegón de la ba­lan­za romana (1986), donde las manzanas son un pretexto para un tema de desigualdad, de mercadeo aldeano, incorporando a la com­­posición una figura de campesi­na adap­­­tada al espacio comprimido de la obra.

24.O - Naufragos 60 x 48 Cms) 1.981

24.O – Naufragos 60 x 48 Cms) 1.981

En sus temas de costumbres deja de ofrecer una interpretación hedonista y optimista de las costumbres populares. Es­coge ahora temas de cierto contenido social como Náufragos (1981), donde se­ña­la la tragedia humana de un desastre marítimo, o asuntos de cierta filiación simbolista como Germinación (1972), con una figura de un ángel que riega a una especie de ninfas que entusiasmadas nacen de la tierra. Es también entonces cuando las fi­guras potentes de sus composiciones costumbristas anteriores se miniaturizan y, sobre todo, se deforman con una frescura de trazo largo, hasta perder la individualización perfeccionista de décadas anteriores.

14.O - Boda (88 x 71 Cms) 1.974

14.O – Boda (88 x 71 Cms) 1.974

Así sucede, por ejemplo, con La boda (1976), localizada en la basílica de Llanes, donde cada grupo responde a un actitud, a un episodio personal, narrativo-anecdótico, como sucede también en la figura de primer término que se coloca el calzado en el pie en Danza de San Juan (1968), repetida después en la composición Asturias Patria Querida (1985). Las figuras armónicas, de contornos suaves, se recrudecen, como había señalado Villa Pastur, se vuelven más dinámicas en las posiciones, deformadas anatómicamente, con rostros estereotipados, sin la individualización anterior. Incluso en sus paisajes se advierte un interés más expresivo, forzando las perspectivas y modificando los cromatismos.

12.O - Catedralina (110 x 90 Cms) 1.973

12.O – Catedralina (110 x 90 Cms) 1.973

Esto acontece por ejemplo en las vistas de los setenta de la basílica de Llanes, logradas desde un punto de vista muy bajo (Catedralina, 1973), para acentuar el verticalismo, logrando una impresión nocturna sin el empleo del negro, tal como había hecho Van Gogh en las interpretaciones del Café de Arlés.

En esos últimos años de su vida, posiblemente por sus limitaciones físicas para seguir pintando al aire libre, Purón Sotres reelabora nuevas composiciones a partir de cuadros previos.

23.O - Mujeres Llaniscas (128 x 108 Cms) 1.983

23.O – Mujeres Llaniscas (128 x 108 Cms) 1.983

Sucede así con Mu­jeres llaniscas (1983) formada por ocho rostros femeninos que proceden de retratos anteriores como el Retrato de Chelo (1943), de María Jesús la de Andrín (1944), Conchita de la Auseva (1946), Ni­ña con trenzas (1949) y otras mujeres que en toda su individualidad, dentro de la composición escalonada, arrítmica, emergen inquietantemente de un entorno de hojas de higuera, las mismas que había pintado en 1934 en Hojas de higar. Algunos de estos rostros aparecen también en la obra El cartero siete machos y las mozas, rodeando a la figura por un antiguo estudio académico, el de El romano (1941), además del caballo de otra obra inicial, Estudio de yegua con silla de montar (1934). Lo mismo sucede con Contrabandistas (1976) que coloca en primer término la figura de La estudiante (1953) y el entorno de chumberas de Costa balear (1942), o con las Tres gracias llaniscas (1963), después ampliadas en El Cristo de la rama verde (terminado en 1980).

35.O -El Cristo de la Rama Verde, (199 x 183 Cms) 1.943 - 1.980

35.O -El Cristo de la Rama Verde, (199 x 183 Cms) 1.943 – 1.980

Es esta última obra una de las más características dentro del último período, en tanto que conjuga todas sus últimas inquietudes te­máticas y en ella confluyen todos los estilos de su actividad pictórica. Aborda un tema religioso, de religiosidad popular fantasea­da como la de Gauguin en Bretaña, localizado en su Llanes natal, y en ese grupo aparentemente costumbrista, de chicas ataviadas con el traje tradicional, co­loca un Cristo que emerge de la naturaleza e incluye también un retrato de su esposa como una donante, y un fondo más abocetado, con el brío de tinte expresionista propio de esa última etapa profesional. Su­pone esta obra un cúmulo de referencias personales, y también una amalgama de planteamientos pictóricos, desde la sintetización de las figuras del fondo, hasta la meticulosidad académica del dibujo o el toque de color impresionista de la mozas de primer término.

13.O - Juguetes de Reyes (76 x 110 Cms) 1.984

13.O – Juguetes de Reyes (76 x 110 Cms) 1.984

Parece como si en esos últimos años de su vida Purón hubiese querido encontrar un camino más personal, evitando que los críticos le achacasen una voluntad fotográfica o una reincidencia en los mismos modos que a fines del siglo XIX. Entonces quiso vertebrar su verdadero estilo, precisamente cuando ya contaba con una clientela entusiasta, y una vida económicamente resuelta. Por eso esa reincidencia en sus obras anteriores, sencillas, figurativas, bien pintadas, toman ahora nuevos aires, se asocian misteriosamente, esconden un mensaje religioso y, en todo caso, se revelan con un producto desbordantemente imaginativo y personal.

Se jubiló como funcionario del Ministerio de Educación y Ciencia en 1981. Desde entonces hasta su fallecimiento el 29 de julio de 1987 se dedicó por entero a la práctica pictórica.

45.O - Recibimiento al Príncipe (88 x 73 Cms) 1.986

45.O – Recibimiento al Príncipe (88 x 73 Cms) 1.986

En 1985 participaría en dos muestras colectivas: la de la sala gijonesa Van Dyck, la de la Feria Internacional de Muestras de Gijón en el stand de la Caja de Ahorros de Asturias, con el tema «… Y al principio fue la manzana». Esas serían sus últimas apariciones públicas. El 20 de  agos­to de 1988 fue nombrado Hijo Predi­lecto de la villa de Llanes. En esas fechas, el 4 de agosto, José Ignacio Gracia Noriega en las páginas de La Nueva España le dedicaba unos párrafos como recuerdo de «un pintor de Llanes y de lo llanisco». En el verano de 1989 se celebró una muestra antológica del artista, con un catálogo y estudio exhaustivo de María José Grandoso Noriega.

42.O - Autorretrato ecuestre (118 x 174 Cms) 1.978 (Prop. del Excmo. Ayto. de Llanes)

42.O – Autorretrato ecuestre (118 x 174 Cms) 1.978 (Prop. del Excmo. Ayto. de Llanes)

Allí se presentó el Autorretrato a caballo del Ayuntamiento de Llanes, una obra pintada en 1978, obra en la que el pintor se representa sobre un caballo tomado de una figura de porcelana alemana de su propiedad, con el fondo de San Antonio de la Florida, lugar donde estaba enterrado Goya. Aparece con la enorme paleta de madera regalo de Menéndez, el director de San Fernando, como un emigrante heroico que regresa a su tierra después de trabajos fuera de ella. No es en absoluto una de sus obras más logradas. Hay una clara descompensación entre la figura y el caballo y este último mantiene la inercia de su condición de figurilla. Sin embargo es una obra que resume una de las obsesiones del llanisco: alcanzar la fama y convertirse en heredero de los grandes maestros del pasado.

9.O - Mis maestros Goya, Rembrandt y la modelo (58 x 49 Cms) 1.984

9.O – Mis maestros Goya, Rembrandt y la modelo (58 x 49 Cms) 1.984

Esa misma filiación con la pintura anterior que­dó patente en el lienzo Mis maestros, de 1984, obra que tuvo varias versiones y revisiones. En ella se sitúa el propio artista ante un lienzo opuesto al espectador con el mismo sentido que Las Meninas de Veláz­quez. A su lado los esqueletos de Goya, Rembrandt y una mujer desnuda determinan su inspiración en la pintura anterior y en la naturaleza, con un sentido simbolista y un tratamiento expresionista, propio de su última etapa.

En su trayectoria personal y profesional José Purón Sotres demostró un vasto conocimiento de los procedimientos artísticos, logrando en sus cuadros transmitir la experiencia visual y emotiva hacia el paisaje y las costumbres asturianas, desde la personalidad llanisca.

BIBLIOGRAFÍA

—GRANDOSO NORIEGA, Mª  J.: El pintor José Purón Sotres. Ayuntamiento de Llanes, 1989.

— EDITORIAL HERCULES ASTUR. PINTORES ASTURIANOS.